Las 4 reglas básicas para enseñar disciplina a mis hijos


enfadado

Los niños aprenden a comportarse y actuar con nuestras conductas, no son adivinos que desarrollan mágicamente la capacidad de entender al otro y de actuar sabiendo lo que esperan de él. Nosotros los adultos somos el espejo en el que se miran nuestros niños y niñas por lo tanto: “Así nos comportamos, así se comportan ell@s”.

Lo cierto es que ninguna hemos nacido sabiendo qué se puede hacer o no hacer, y qué es lo adecuado o inadecuado y, sobretodo, aunque ahora no lo recordemos, también nos tocó aprender las consecuencias que tiene para el otro el comportamiento que llevamos a cabo. Y no lo recordamos porque asimilar esto supuso un aprendizaje lento y constante del que nuestros padres se encargaron.  Ahora te toca a ti como mamá o papá transmitirle a tu hijo/a estos aprendizajes. Todas estas experiencias nos han enseñado qué se puede hacer o no. En definitiva, nos cuentan que para convivir y hacerlo adecuadamente hay que cumplir con unas normas que nos benefician a todos, porque nos ayudan a vivir en sociedad.

Aprendiendo

Tu niño/a tiene que saber por anticipado cómo te vas a comportar: “

Mamá y papá esperan que me coma la comida. Si no lo hago, no podré ver la televisión después de cenar”.

Al ser consistente le transmites a tu hijo/a  la noción de que su conducta tiene una consecuencia. Así como también debes transmitir el concepto de responsabilidad, que forma parte de la unión familiar y que cada uno tiene una ocupación y responsabilidad:

 “después de ducharme tengo que recoger mis cosas. Es  mi responsabilidad recoger el baño como miembro de esta familia, si lo hago podré elegir el postre”.

Ahora bien, lo importante es mantenerse. Ser clara y concisa en las conductas que estamos dispuestas a exigir  a nuestro hijo/a. Si un día le pedimos que recoja el baño y no lo hace, tiene que cumplirse la consecuencia. Si hoy  sancionamos pero mañana no pasa nada, es que no tengo tiempo… estamos confundiendo a nuestros niños/as o les estamos creando  inseguridad, porque

“A veces tengo que recoger el baño, a veces no; a veces tengo que comerme el puré de calabaza pero mañana me hace una tortilla cuando me quejo y lloro.

Y entonces ¡descubren tu “talón de Aquiles”! porque si lloro, me quejo, soy pesado… así a veces, consigo las cosas y encima rápido. Si no somos constantes en nuestras normas, nuestro hijo/a no sabrá qué esperamos realmente de él y por lo tanto se aventurará a la posible consecuencia o a ganar y conseguir su objetivo sin pensar en la consecuencia. Porque así lo estamos acostumbrando a desobedecer, sus conductas no tienen consecuencias y de alguna forma hemos venido “premiando” el hecho de no hacer caso, al conseguir casi siempre salirse con la suya.

Entonces ¿Cómo le trasmito a mi hijo/a la disciplina? ¿Cómo le enseño lo que está bien o mal? ¿Cómo hago para que aprenda el respeto y la responsabilidad?

Las 4 reglas básicas para enseñar disciplina a mis hijos

1) Elige tus prioridades

No puedes volverte loca y querer solucionar todos los problemas de disciplina de una sola vez, sería imposible y encima te bloquearás y te quedarás en el intento. Por lo tanto, elige sólo una o dos normas para establecer y dedícales toda tu atención y empeño. Podrías, por ejemplo, empezar por contestar de mala manera o concentrarte en acabar con las rabietas y ponte en guardia para atacar estos comportamientos siempre que tu hijo o hija muestre estos comportamientos. No te rindas ni cambies de opinión. No recompenses las malas conductas y establece inmediatamente la conducta a sancionar, la consecuencia. Y por supuesto, felicita las conductas positivas, el cumplimiento de la norma. Sobre todo si tu pequeño o pequeña está entre los 2 y los 6 años. Pero  todos deben ser reforzados por su conducta, por el cumplimiento de la norma, tu hijo/a debe saber que estás contenta porque es responsable, porque es importante que forme parte del buen clima familiar. “Si hago lo que esperan de mi, todos están contentos, yo estoy contento y me siento bien”.

 

2) Sé coherente

Es importante que tu hijo/a vea que su mamá o papá son coherentes con las normas. Si decimos que “no” tiene que ser “no”, tenemos que poner normas claras. Algunas normas pueden ser:

  • Los juguetes se recogen al terminar
  • Se come sentado en la silla
  • No se coge la maquinita entre semana.
  • A las 22.00 h. te vas a la cama
  • Hablamos bajito, sin gritar

Ten en cuenta las necesidades de tu hijo/a, no las tuyas. Tienes que cambiar cómo te diriges a él, si le     decimos “porque lo digo yo!” no parece una razón de peso por muy quejica que sea tu niño/a pero si le decimos “si te levantas de la mesa supongo que ya has terminado de comer”. Convencerá a tu hijo en vez de intimidarlo. Tampoco vale decirle que deje de gritar dando voces. Ni tampoco como os contamos en otros artículos, pierdas el tiempo en sermones de razonamiento donde te pierdes la mayoría de las veces en divagaciones. Sé clara y concisa

 

3) Firmeza y claridad

Tendemos a la generalidad hacia nuestros niños/as cayendo en el error de frases que realmente no entienden “pórtate bien, sé bueno…” y si le preguntamos a nuestro hijo/a qué significa portarse bien, puede responder “hacer lo que diga mi mamá” por ejemplo o “no pegar” porque es lo único que le advertimos a todas horas. Tienes que ser clara y especifica el comportamiento que esperas “habla más bajito para que te escuche”, “no te levantes de la mesa cuando comes”, “debes de ir andando con cuidado, no saltes por los bordillos de la calle porque te puedes caer, anda bien por favor”.

 

4) Los límites son buenos

Hacen a nuestros hijos/as sentirse seguros y protegidos. A tu hijo/a le da la sensación de que, si no sabe, tú estarás para ayudarle a resolver la situación y cuando los interiorice él sólo podrá resolver. Así aprenden disciplina, es decir cumplir las reglas  necesarias para dar coherencia a nuestra forma de pensar y actuar, sin que los otros vigilen cómo nos comportamos.

Resumen 

En cada casa deben existir límites, todos tenemos que conocerlos y saber las consecuencias de cumplirlos o no. Así tu pequeño pensará…”Antes yo no tenía que poner la mesa hasta que mamá no empezaba a chillar. Ahora tengo que hacerlo a la primera vez que me lo dice. No entiendo”. En este pensamiento unimos los dos puntos anteriores, coherencia y firmeza. La conducta de tu niño cambiará, pero probablemente el cambio no llegará tan rápido como a ti te gustaría.  Intentará volver a su rutina de desobediencia que pero, ¡tú debes mantenerte! Y no perder tu objetivo que es vencer ¡la desobediencia!

Recuerda: “el peor aliado es dejar pasar el tiempo sin actuar”


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Imagen original Claudio Lobos vía Flickr.

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Maria Teresa Lafuente

Acerca de Maria Teresa Lafuente

Psicopedagoga, Especialista en Psicología Clínica Infanto-Juvenil y Logopedia Clínica y Escolar. Maestra de Educación Infantil. Desde hace 10 años directora del Gabinete Psicopedagógico Eduk Siglo XXI.

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