La desobediencia se ha apoderado de mi hogar ¿Qué puedo hacer? 2


La desobediencia se ha apoderado de mi hogar ¿Qué puedo hacer?

En el artículo anterior os contábamos cómo puedes llegar a tener en casa un pequeño y no tan pequeño desobediente. Hoy vamos a compartir algunos recursos y estrategias de los que puedes disponer como madre o padre cuando parece que nada funciona, porque estás harta de reñir, de castigar, de amenazar,… y tu hijo/a sigue comportándose mal, sigue siendo un desobediente.

Debemos advertirte, que estos  consejos no son un manual de instrucciones a seguir a pies juntillas, ya que cada niño/a es único en su singularidad así como cada madre o padre actúa según sus ideales y preferencias educacionales.

Observándote

Para empezar a trabajar con la desobediencia, primero debes observarte como mamá o papá y también a tu hijo/a.

  • ¿Estás reforzando una conducta negativa?¿Le estás prestando una excesiva atención a los comportamientos disruptivos? ¿Cuando no hace lo que le pides te pasas el tiempo persiguiéndolo para que lo haga?, para hacer cualquier cosa todo es un tira y afloja, al final caes y se sale con la suya.
  • ¿NO estás premiando sus conductas positivas?Tendemos a la creencia que portarse bien es normal pero para tu hijo/a no lo es, porque está aprendiendo. Por lo tanto debes demostrarle y transmitirle que lo ha hecho bien, que estás contenta. No se trata de hacerle una fiesta cada vez que realice una conducta positiva, se trata de reforzar su comportamiento en momentos.

Después de hacerte estas preguntas y contestarte, debes saber dónde está el fallo, qué es lo que quieres cambiar y qué obtiene tu hijo/a de su conducta, y entonces piensas “ya tengo las respuestas a estas preguntas pero…”

 ¿Cómo consigo que me obedezca sin perder el aliento en ello?

Esta, es una de las mayores demandas que día a día escuchamos en consulta con las familias. Las frases más generales son… “le castigo continuamente y no consigo resultados positivos”, “es como si oyese llover”, “parece que hablo con la pared”, “hasta que no ve que me saltan chispas no reacciona”,… y así numerosas quejas en cuanto a la desobediencia. Luego viene la pregunta generalizada   ¿Qué hago?

                   

                     ¡Ponte en guardia!

  1. Da ejemplo

    Sin coherencia entre las palabras y los hechos,  te costará bastante que te haga caso, sobre todo si es mayor de 4 años.  No puedes pedirle que haga todos los días su cama si tú no la haces. Para la situación en la que te encuentras, tu hijo/a ya ha llegado a tener cierto pensamiento crítico que te pone en una tesitura en la que no valen las maravillosas frases “porque yo lo digo” o “porque yo soy mayor y tú no”. Es muy fácil decir que tú eres el adulto y no lo tienes por qué hacer ¡ya te libraste de tus padres!, pero ahora eres tú la madre o el padre y tu hijo/a está aprendiendo. Tú eres su maestro de la vida.

  2. No caigas en las provocaciones

    No contestes a sus quejas, ni entres en luchas de poder, no se trata de demostrar tu autoridad con frases autoritarias como “porque lo digo yo”, “aquí mando yo”, ni pierdas el aliento en amenazas que luego no vas a cumplir. Directamente haz lo que te has propuesto y sigue tu objetivo y si planteaste consecuencias, cúmplelas.

  1. Ignora las conductas inadecuadas

    Evita reforzar los comportamientos negativos. La mayoría de las conductas inadecuadas de los niños son una forma de reclamar la atención de sus mayores. Es conveniente que te des cuenta de cómo muchas veces a través del llanto, los gritos o el negarse a obedecer, tu hijo/a consigue ser atendido o “salirse con la suya”, dejando algo que no quería hacer sin hacer o incluso no llegando a hacerlo. ¿Cómo lo haces? A los niños no les gusta que se les ignore, si no atiendes esos malos comportamientos se dará cuenta de que esa actuación no funciona contigo. Si se tira al suelo y se revuelca porque no le das las patatas, le dices que no y ya no lo vuelves a atender ni escuchar más “con esa actitud no vas a conseguir nada, no voy a echarte cuenta así”. Se trata de no reaccionar al mal comportamiento de ninguna manera, no decir nada al respecto, no mostrar ninguna expresión facial. No lo mires cuando está en plena acción, mira hacia otro sitio, apártate disimuladamente todo lo posible, debes hacer como si  estuvieras ocupada en otra cosa, cantar, subir el volumen de la radio, recordar en voz alta cosas,…todas son formas eficaces para no prestar atención, tu hijo/a se dará cuenta que no tiene tu maravillosa atención y entonces esa conducta ya lo le interesará realizarla porque no le es efectiva.  Ahora bien, evidentemente NO se pueden ignorar conductas peligrosas, como correr por la carretera, subirse a las estanterías o jugar con las cosas de la cocina, y tampoco se pueden ignorar conductas intolerables, como agredir o autolesionarse. Prepárate: cuando empieces a ignorar a tu hijo/a, los comportamientos empeorarán antes de mejorar. Al principio, intentará atraer tu atención de la manera acostumbrada, mediante más llantos, más quejas, más gritos, más rabietas…. en mayor intensidad. Pero debes aguantar, tu hijo/a debe aprender que las cosas están cambiando y que esas conductas no son atendidas por mamá o papá. Podrás comprobar cómo la duración de la pataleta va bajando en intensidad si te mantienes

  1. Establece las consecuencias inmediatamente

    sean buenas o malas. Los niños necesitan recibir recompensas y castigos por todos sus comportamientos. Es decir, más práctica y menos teoría o sea, menos discursos y más consecuencias.  Si estableces la norma de apagar la tele para ir a comer a la primera llamada de mamá o papá y pones como consecuencia que si no lo hace no podrá verla después, no vale darle tres oportunidades más y que lo haga a la cuarta para luego encima dejarle ver la tele otra vez. Al igual que si estableces que si tu hijo/a recoge el baño durante tres días seguidos podrá elegir cena al tercer día, no vale decirle que mejor mañana que hoy ya tenías pensado que comer o que no estás preparada para su premio.

  1. El refuerzo

    . Muchas veces tendemos a responder sólo ante las malas conductas. Esto hace que tu hijo/a perciba a veces, que la única manera de recibir tu atención es comportándose mal. Tu hijo empieza a comer solo estupendamente, tú te sorprendes de ello pero no dices nada,  al rato empieza a liarla. Tú le chillas, le riñes y le castigas inmediatamente. Esto, es lo que te estamos comentando. Es importante que  felicites a tu niño/a inmediatamente después de que haya hecho algo bueno, incluidas las “pequeñeces” como hablar sin gritar o pedirle un juguete a su hermana en lugar de quitárselo, estudiar todos los días, aunque sea su deber…. Porque debes recordar que sin refuerzo no hay aprendizaje. ¿Cómo lo haces? se trata de sólo prestar atención a las conductas que son gratas y esperadas para ti. Si está comiendo tranquilo en su silla, debes recordarle que lo está haciendo muy bien y que es un campeón. Así como si hace lo contrario, deberías recordarle que está mal sentado e ignorarlo como hemos visto anteriormente. El refuerzo puede ser de muchas maneras, con alabanzas, gestos de cariño e incluso premios sociales o materiales. También debes de tener en cuenta sus gustos y preferencias. Estás intentando que vuelva a ser obediente, debes atraerlo hacia el buen comportamiento. Importante. Tienes que decirle a tu hijo/a exactamente lo que ha hecho bien si sólo le decimos “muy bien cariño” volvemos a generalizar pero si le decimos “que bien has ido por la calle, me has dado la mano y no has salido corriendo” estamos recordándole fielmente su conducta positiva.

  2. La sanción

    . Las sanciones deben tener como finalidad ayudar a comprender al niño que determinada actitud no es aceptable. Si están dirigidas a este fin, las sanciones cumplen una función educativa. No debes sancionar ni reprender si no había una norma previa. Si tu hijo/a no comprende por qué se le castiga, el castigo no tendrá ningún efecto en su educación y servirá tan solo para asustarle. Al igual que los refuerzos, deben ser apropiados para el comportamiento, la edad y las habilidades de tu hijo/a y por supuesto, no deben ser excesivos. Así como no pueden ser eternos, la sanción debe ser perder un privilegio ese día o el siguiente, no un mes. Se trata de darle la oportunidad de controlar su conducta, por ello debes de poner el marcador a cero cada día que pasa. ¿Cómo lo haces? Recuerda que la sanción al igual que la recompensa debe de ser inmediatamente detrás de la conducta. Durante el inicio de la conducta no deseada, debes recordar a tu hijo las consecuencias de su desobediencia, debes refrescarle la sanción establecida para esa conducta y que eso es algo  inevitable si no cumple la norma. No debes amenazar con la sanción como acto de autoridad sino como consecuencia de una conducta suya que no debe de volver a realizar si quiere evitar la sanción. Atención: Si le dices “si no haces los deberes, no podrás ver la tele”, no vale acabar ayudándole a hacerlos y luego encima dejarle ver la tele porque así está entretenido.

Último apunte: si la desobediencia se ha apoderado de tu hogar, no sólo tu hijo/a debe cambiar su comportamiento, Tú que eres la autoridad, la maestra de la disciplina, tendrás que cambiar también tu comportamiento para poder llevar a cabo estas orientaciones.

Esperamos que estos puntos te sirvan en la “lucha contra la desobediencia” recuerda que si tienes cualquier duda o caso especial que quieras compartir, estaremos encantadas de asesorarte y prestarte nuestra ayuda.

En nuestro centro tenemos el servicio de terapia familiar, a través de la cual orientamos y asesoramos a mamás y papás en la educación y el aprendizaje de sus hijos e hijas. También tenemos para aquellos seguidores que quieran ponerse manos a la obra nuestro taller educacional “EDUCAR CON RUMBO, NO A LA DERIVA” con jornadas breves, intensivas y sobretodo eficaces. !No te lo pienses! llámanos Contactar

 

                 “El peor aliado es dejar pasar el tiempo”

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Maria Teresa Lafuente

Acerca de Maria Teresa Lafuente

Psicopedagoga, Especialista en Psicología Clínica Infanto-Juvenil y Logopedia Clínica y Escolar. Maestra de Educación Infantil. Desde hace 10 años directora del Gabinete Psicopedagógico Eduk Siglo XXI.


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2 ideas sobre “La desobediencia se ha apoderado de mi hogar ¿Qué puedo hacer?

  • Yalanda

    Me ha encantado el artículo. Algunas cosas las he llevado a la practica y otras aun las estoy trabajando, eeo funciona. Claro está que el esfuerzo debe partir del adulto y no todos los días los tenemos buenos y llenos de paciencia, pero hay que seguir luchando por una vida armónica para todos. Muchas gracias.